miércoles, 25 de mayo de 2011

The Experience




El lleva una vida mediocre marcada por el ritmo de la rutina de una gran ciudad. Desde pequeño le inculcaron ciertos valores morales tales como el estudio es la meta de un trabajo digno que le permitiría vivir como una persona corriente. El vive para su trabajo, solo, en un piso pequeño donde el blanco hace gala de su dominio hasta las paredes infinitas.

Ella siempre se caracterizó por tener una personalidad bien definida, marcada por unos retos insuperables para la mayoría y un objetivo clave en la vida: ser feliz cumpliendo sus sueños o morir en el intento. Trabaja como modelo, cantante y actriz, su fama no tiene fin. Agraciada con el don del buen cantar, la belleza envidiable y el arte es la pasión que recorre todo su cuerpo.

El desayuna, come y cena en el bar enfrente de su casa. Su máxima aspiración social radica en algún día tener un desliz con la camarera, la cual posee una belleza solo destacable por su tierna juventud y que carece de las directrices propias de una persona culta. Los ápices de su personalidad son horrendos: debilidad, irresponsabilidad, palabra barata, adepto a los vicios comunes, inocente e inmaduro. 

Ella no tiene un hogar claro, viaja con sus representantes y equipo de país en país para mostrar sus cualidades al mundo. Tiene todo el dinero que cualquiera pudiese desear pero simplemente lo almacena y almacena sin darle nada de importancia. El amor es algo que desprecia y lo considera como un elemento fetichista y material para los tiempos que corren, el sexo y demás vicios los ve como atracciones para seres inferiores, vive pura y para su sueño hasta que el aire que respira se mancille.

Un día una bomba de gran potencia mortífera estalla en la ciudad, todas las personas mueren. Se cree que es por una facción terrorista en contra de los ideales del gobierno, o al menos es lo que dicen las noticias de las pocas televisiones que siguen funcionando en los escaparates de las tiendas de electrodomésticos. 
En el momento de la explosión él se encontraba viajando en taxi, venía de tomar unas copas con un par de compañeros del trabajo, una ruptura a la monotonía que aumenta con creces su ignorante felicidad. El vehículo volcó debido a la fuerza de la onda expansiva y perdió el conocimiento.
Ella se encontraba cantando en uno de sus múltiples conciertos de la gira en este país. Cuando el desastre ocurrió sus guardaespaldas bien pagados por el manager la protegieron, dando sus inútiles vidas por la suya. 

El se despierta y vaga sin rumbo, conmocionado y aterrado al contemplar la ciudad como una mansión fantasma. Se detiene para ver cómo entre una gran cantidad de cuerpos calcinados algo se mueve. Instigado por la curiosidad o el morbo, se acerca a observar cuidadosamente y reconoce a una chica que había visto bastantes veces por la tele. En su momento solo le pareció otro elemento más con el cual desahogar sus noches de soledad en una cama vacía, sin embargo ahora le parecía un rayo de esperanza más valioso que cualquier cosa que su mundo le había enseñado.

Ella intenta respirar y salir de entre los pesados cuerpos ennegrecidos. Cuando consigue asomar el rostro en el aire fresco grita una palabra que antes nunca hubiese pronunciado para no herir su orgullo: ayuda.

El tiene mucho miedo, lo primero que su mente ordena es huir lejos sin mirar atrás. Pero su instinto de supervivencia le lleva a ayudar a los seres de su especie en situaciones como esta, se acerca todavía más y empuja los cuerpos cuya vida había expirado. Consigue toparse con la mano de la muchacha y al tocarla siente como un escalofrío recorre su cuerpo, la ayuda a salir completamente y cuando lo consigue, ella se desploma sobre sus brazos pronunciando otra palabra extraña: por favor.

El recorre las caóticas calles, donde el fuego y el humo entre innumerables desperfectos son quienes las abarrotan. Su paso es lento pero firme y la lleva a ella entre sus brazos inconsciente. Grita cada cierto tiempo si alguien le escucha, si alguien puede ayudarle, pero sabe bien que se encuentra solo. El miedo y la ignorancia le empujan a gritar estas inutilidades.

Ella se despierta y el decide posarla en el suelo de forma que la espalda descanse contra una pared que se encuentra en buenas condiciones. Ella le mira con un semblante serio, dentro de sí misma está enfadada por su debilidad y a la vez atormentada por no saber cómo reaccionar ante una situación así, toda su vida fue muy arrogante con la gente que le rodeaba, un ser asocial que siempre consideró a los demás como un estorbo.

Él le pregunta si se encuentra bien, si sabe que ha sucedido y sin reparar empieza a llorar por las fuertes imágenes que había presenciado. Ella no contesta, sigue seria y no comprende la reacción natural del hombre, nunca había derramado ninguna lágrima, ni tan siquiera cuando era un bebé hambriento o asustadizo. De todas formas, sintiéndose avergonzada por dentro por lo que está haciendo, se levanta y abraza al hombre como gesto de consolación. El se siente cálido y mejor, pero no puede parar de llorar y grita, pregunta en alto porque le ha tocado vivir semejante experiencia desagradable.

De pronto, el sonido metálico de una viga se escucha fuertemente. El tejado del edificio donde se encuentran se desploma por los daños atentando contra sus melladas vidas. Ella sigue seria, ve caer los desperfectos pero reacciona a tiempo para cubrir con su cuerpo al hombre quien permanece ajeno centrado en sus penurias.

Un gran estruendo finaliza el desplome donde ellos son sepultados. El está ileso, se da la vuelta y se topa con los ojos llorosos de ella, un hilo de sangre recorre la comisura de sus perfectos labios y su mano entre abierta comienza aflojar los sinuosos dedos. El separa los bloques de cemento y metal que los recubren y comprueba estupefacto la atrocidad sangrienta que tenía ahora la chica por cuerpo.

Un cuerpo tallado con la misma mano de dios, una belleza imposible de entender para la gente común destrozada en cuestión de segundos. El comprende que este sacrificio fue por salvar su gratuita vida, un sacrificio imposible de compensar, algo totalmente fuera de lo natural y lo correcto.

Ella es fuerte hasta en su último hálito de vida, siempre mostrando rectitud a sus decisiones aunque la que acaba de emprender fuera totalmente contraria a sus principios. Ella muere feliz, por un lado el orgullo sigue ahí por vivir como ella siempre había querido sin doblegarse nunca, por otro no lo entiende, pero está feliz por haber salvado lo que para ella lo era todo en otra persona.

El color ardiente de sus ojos se apaga, su piel pierde la poca tonalidad que guardaba. Es el fin.

El no es capaz de hacer nada, de llorar, de ayudarla, de darle las gracias...

Se levanta con los hombros caídos y decide andar, sin un camino selecto, con el cerebro trabajando el triple de lo normal. Sentimientos, experiencias y principios luchan en una batalla encarnizada usando de frente su limitada mente. No puede soportar este conflicto, no ha nacido para cargar con semejante peso de circunstancias, el instinto natural es más débil que el racional que dicta que no se ha realizado un cambio equivalente.

Un aspa de un helicóptero derribado está clavada como una púa sedienta de sangre. El vehículo debió perder el control con el choque de la explosión y cayó causando el destrozo total de sí mismo, pero eso a él le era indiferente. Se arrodilló ante el aspa y con un movimiento rápido y seco arremete con su cuello, desgarrando rápidamente la garganta.

Su cuerpo cae de lado sobre el asfalto agrietado, la sangre mana como un torrente violento de su cuello creando un lago brillante que recorre pausadamente la superficie sólida. No siente dolor, no siente miedo, solo un tormento que se apaga al ritmo que su corazón deja de latir. Su mente inútil encuentra la paz con semejante acto estúpido, como el destino, las directrices sociales y las experiencias mal fundamentadas habían predicho. 

Humanos

Configúrales la mente, prográmales su rutinas y aun así obtendrás aquello totalmente lógico: su humanidad abriéndose paso ante la razón.

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