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jueves, 2 de mayo de 2013

Morðingi sálna







Muertos.

De rodillas estaba postrado, en un mar de sangre y entrañas surtidas de seres humanos que una vez fueron considerados aliados.

Así es como recuerdo el día en que nací.

Estaba todo listo para que mi plan curtido durante diez largos años llegase a su máximo apogeo. Desde este atalaya podía divisar cualquier parte de la ciudad, por lejana que fuese y esta ventaja no podía pasar desapercibida para mis dotes.
Una vez tuve marcado como objetivo al presidente, desenfundé la hoja, vibrante y sedienta, y activé el mecanismo de camuflaje.

Descendí rapidamente por la pared, corriendo cual ninja mimetizado con las sombras, salté y todo hubo acabado de un solo golpe... Si no fuera por ellos.

Aparecieron de la nada, traidores, insensatos. Me vendieron, habían soplado todo mi plan, todas mis intenciones al Presidente y este lo tenía todo preparado para dejarme en ridículo. Pero no fue así, Dios sabe que no fue así y el Diablo se vanagloria de ello.

Con un grácil movimiento me zafé de los guardaespaldas que acabaron partidos en dos. Trozos de hueso, sangre y tripas se desparramaron por el cemento grisáceo del suelo. Uno de ELLOS intento matarme con su rifle, esquivé un disparo, dos, tres y cuando estuve delante de él no dude ni un momento, cercené su brazo izquierdo y a continuación su cabeza rodaba como una rueda de bicicleta a toda velocidad calle abajo.

Luego no puede frenarme, me supo a gloria ese momento.

Uno tras otros, todos mis aliados, todos aquellos en los que confiaba iban cayendo culpables de su traición. Nadie podía detenerme, cumpliría mi plan costase lo que costase.

Pero una vez hube terminado con todos fue una mísera bala la que convenció a mi mente asesina de la pura realidad: Estaba derrotado desde el principio.

El proyectil metálico trazó su camino desde que salió del arma madre hasta mi frente sin desviarse ni un momento. Me tocó, me penetró y en unas milésimas de segundo que parecieron eones se alimentó de la destrucción de mi cerebro hasta que decidió respirar agujereando mi nuca para ver su cenit en el suelo teñido de rojo.

Fue cuando decidí, en contra de mi voluntad, que ya estaba bien. Me arrodillé, en la sangre y en las vísceras de mis aliados y centré la vista en el lago rojo que crecía sin fin hasta derramarse por la cuneta y acabar huyendo por el alcantarillado.

Esas milésimas de segundo aun no habían terminado pero pude centrarme en unos últimos recuerdos, en como había conseguido formar la asociación, como puede engendrar una mente valerosa y capaz de intentar siquiera cambiar el mundo.

El tiempo se terminaba y esta cansado, muy cansado. Cerré los ojos, todo se volvió negro y empecé a sentir un frío extraño que envolvió rapidamente todo mi cuerpo. Era el final, el auténtico final.






Pero no...





Era solo el principio de una epopeya oscura y que muchos lamentarían.





El Asesino de Almas había nacido en ese preciso momento y tenía ganas de trabajar.

lunes, 15 de octubre de 2012

Voluble Sunsine



Luces y colores revolotean en el suelo como una danza de locura caótica.

Desconozco por que lo hacen, no las había visto nunca pero su calor me atraía de una forma obsesiva y que nunca había sentido antes. Poco a poco me dejaba atrapar por ellas, veía como ascendían del suelo para rodearme los tobillos y poco a poco, subían hasta acariciarme las manos.

¿Era poder? ¿El alma de otra persona? ¿O simplemente mi imaginación jugándome una mala pasada?

No me importaba en absoluto.

Me dejé arrastrar por su belleza hacia donde ellas querían, me hacían sentir bien y comencé a recordar

Me condujeron hasta una pared de roca mugrienta y esculpida por tierras angostas, se introdujeron en ella y emergió una especie de núcleo lleno de energía, deprendía rayos dorados con un símil al Sol.

Sin saber, solo movido por el instinto, posé la palma de mi mano en él y la pared se agrieto hasta acabar convertida en una ceniza dorada, pero lo más inquietante era lo que mostraba tras de sí.

¿Qué es eso? O mejor dicho ¿Qué era eso?

No puedo describir con palabras lo que mis ojos contemplaban en ese instante, pues eran algo de mi interior, algo olvidado y pasado. De alguna manera las luces querían que recordase la antigua esencia que había perdido.

Pero ¿Cual era?

Así que me lancé dentro de ello con la esperanza de poder hallar la respuesta.

Descendía por una vorágine que daba vueltas y vueltas, los colores tornaban de dorados a fríos y más sólidos, pero parecía no tener fin.

Algo me decía que tenía que ser yo quien decidiese cuando parar, pero no sabía como hacerlo. Estuve muchísimo tiempo descendiendo, tanto que perdí completamente la noción del tiempo ¿Días? ¿Años? ¿Generaciones? Aun hoy en día lo desconozco, pero para poder descubrirlo tendré que seguir sumergiéndome en lo más oscuro del pasado de YO.

viernes, 6 de julio de 2012

De nórdico cantar - Introducción (parte I)



El herrero encadenado





La chispa se desvaneció en el aire tras el último golpe del martillo, otra hoja lista para enfriar y vender a su comprador. Sumergí el arma caliente en el barreño de agua fría, creando una pequeña andanada de vapor y humo que traspaso mi cara manchada de hollín. La espada iba destinada al tejero del barrio gremial de Cyrodil, un hombre de clase humilde que me había pagado una generosa cantidad de 30 septims por ella.

Este encargo era el definitivo, una vez entregase la espada a su dueño cogería mi bolsa de pertrechos para arriarla al hombro, alquilar un carruaje y poner rumbo a la provincia de Skyrim.

Desde que tengo recuerdos, mi padre siempre me contaba sobre los paisajes helados y salvajes de Skyrim, la cantidad de peligros que acechaban en sus caminos, la enigmática altura de sus cumbres montañosas y el estilo de vida nórdico sumido en la batalla, el arte de la forja y el augamiel. La pasión que desprendía en cada una de sus palabras no tenía fin, podría compartir ese sentimiento al cerrar los ojos e imaginar como sería un mundo tan natural.

Sin embargo, esa pasión se convirtió en una obsesión con el paso de los años. 

Cuando cumplí la mayoría de edad y tenía una más que curtida experiencia trabajando en la forja de mi padre, este, decidió un día partir a su querida provincia sin motivo alguno dejándonos a mi madre y a mi abandonados sin saber nunca más nada de él. Mi madre ya estaba enferma de aquella, padecía de fiebre quebrantahuesos debido a una alteración en las cuñas de queso que unos rebeldes habían inducido mediante oscuras artes de alquimia en la taberna del barrio. 
El objetivo era envenenar al mayor número posible de clientes de la taberna para echarle las culpas a los catadores del imperio y así acusar al emperador Uriel de atentar contra la salud de sus ciudadanos. Por suerte fueron cogidos cuando intentaban abandonar Cyrodil en un carromato con sus pociones de enfermedad escondidas en cofres de forraje.
El emperador prometió indemnizar a los afectados generosamente con una suma de 2.000 monedas de oro, pero las promesas de alguien que ostenta el poder nunca se cumplen.

Mi madre llevaba un año enferma y parte de nuestros ingresos se iban en pociones curativas y otros remedios para evitar que cayese en una dolorosa y trágica muerte. Mi padre siempre estuvo muy pendiente de ella hasta llegar el día de su partida. Nunca contó nada acerca de sus planes, ni tan siquiera se despidió de mi madre, postrada en cama, ni de mi. 
El día que partió yo estaba entregando un escudo al último cliente de la tarde, cuando observé que mi padre estaba hablando con un hombre que amarraba las riendas de un caballo oscuro. Vi a mi padre introducir su mano en el bolsillo para sacar una bolsa de monedas de oro que depositó gratamente en la mano del hombre que traía al animal, lo había comprado. Quise preguntarle acerca de aquella compra, creía inocentemente que lo había adquirido para usarlo como medio de entrega a domicilio, una sencilla ampliación en nuestro negocio, pero cuando le quise preguntar se mostró ausente y evitó entablar conversación con nadie de la casa, se comportaba de forma extraña. Esa misma noche, escuché un ruido proveniente de la puerta de la entrada de nuestra casa, inquietado me levanté de la cama y me acerqué con cautela al recibidor. Allí estaba mi padre, vestido con una capa negra como la noche y cubierto por una capucha que oscurecía su viejo rostro, se sorprendió al verme despierto pero no osó pronunciar palabra alguna, giró la cara con un gesto de pasividad y salió fuera de la casa con una mochila en la espalda. Yo eché a correr detrás de él, no sabía lo que iba hacer pero de alguna forma, en mi interior, sabía lo que sucedía. Cuando salí a la calle, mi padre ya estaba lejos, a galope rápido encima del caballo que había comprado aquella tarde.

Mi madre nunca se recuperó de su enfermedad, cuando fue consciente de la partida de mi padre, cayó en una profunda depresión que le ocasionó la muerte pocos días después.


Han pasado 10 años desde la partida de mi padre y ahora que tengo el dinero suficiente para emprender el viaje he decidido ir detrás de él, partir a las vastas tierras de Skyrim para tratar de encontrar alguna información que me lleve a su paradero y encontrar una explicación del porque se fue así de repente traspasando la dura carga del negocio a mis hombros y abandonando a mi madre a su suerte.

Me dirigí a los establos de Cyrodil, allí esperaba el carromato con destino a Falkreath, la primera comarca de Skyrim situada en el linde sur de la provincia. El carro estaba casi lleno y estaba aguardando para llenar los últimos huecos que le quedaban. Era de madera de roble, algo viejo y en su interior podía albergar unas 10 personas aproximadamente, su techo estaba recubierto de una lona blanca hecha de cuero de vaca tintado para proteger de la lluvia y pequeños desprendimientos a sus ocupantes. En la parte delantera había 4 caballos amarrados con correas, corceles de pura raza de colores castaños, parecían sanos y bien cuidados.
El dueño de la licencia era un hombre de avanzada edad, las arrugas de su rostro dibujadas por los gélidos vientos de Skyrim, eran claros indicadores de su experiencia como conductor.
El hombre, muy amable, me hizo un hueco en el carromato para sentarme, tras haberle pagado las 800 monedas de oro que costaba el viaje.

Los dioses no querían que el carromato llegase a Skyrim, o más de uno fue lo que pensó cuando la Legión apareció. Tras unas horas de viaje, el carruaje se detuvo en seco y al rato unos hombres de la legión entraron agitando grilletes y empuñando espadas con intención amenazadora.
El caos se apoderó de la escena rapidamente, los ocupantes intentaron resistirse pegando golpes y patadas a sus agresores, siendo correspondidos con porrazos de los pomos de las espadas legionarias. Yo me quedé anonadado, intentando comprender que estaba pasando, hasta que un legionario me agarró por el cuello de la camisa y me ordenó que me levantara. Así lo hice.

Pero ni él ni yo nos esperabamos lo que venía a continuación. Con un movimiento instintivo le propiné un cabezazo en toda la cara rompiéndole la nariz, el legionario empezó a sangrar por ella y se llevo la mano a la cara con un gesto de dolor. A mi fortuna, soltó la espada que sostenía en la mano derecha, la cual recogí en el acto y la utilicé para propinarle una profunda estocada en el pecho. Los demás soldados centraron su atención en mí tras esta macabra actuación, sin pensarlo, separé mis manos de la empuñadura de la espada, que seguía clavada en el pecho del legionario que ahora yacía tumbado en el suelo haciendo sonidos de ahogo en su propia sangre. Se intentaron abalanzar sobre mi pero fui rápido y de un salto me lancé fuera de la caravana.
En el exterior, la noche era el decorado y la luna llena la espectadora. Había más legionarios y unos cuantos caballos sin jinetes, debían pertenecer a los soldados que estaban en el interior así que eché a correr hacia uno de ellos, me monté con una soltura que hasta yo mismo quedé sorprendido y espolee al caballo para que comenzase a galopar frenéticamente hacía el infinito.
Los nórdicos aprendíamos a galopar casi antes que a caminar, pero no creí que fuera capaz de montar con tanta facilidad en una situación tan confusa.
Perplejos, los soldados de afuera tardaron en reaccionar, pero los que se encontraban a caballo comenzaron la persecución.


¿¡Qué había hecho!? ¿¡Acababa de matar a un hombre y estaba huyendo de la Legión Imperial!?

No daba crédito a mis acciones, nunca en mi vida había matado a un hombre a pesar de que mi habilidad, crecida con el entrenamiento continuado usando las armas de la forja, en el patio trasero de mi casa. Siempre pensé que si llegase el día que tuviera que matar a alguien, sería protegiendo a mi familia, nunca imaginé que sería para escapar de una situación de la que no era culpable ni era capaz de entender.

Intenté dirigir el veloz caballo hacia una masa de árboles que se encontraban a unos escasos 100 metros de mi posición, entré en ella esquivando como podía ramas que salían a mi caza en todas direcciones, rocas de considerable tamaño que obstaculizaban el trayecto del corcel y alguna que otra alimaña que se quedaban en mitad del camino mirándome extrañada. Los soldados me alcanzaron sin apenas esfuerzo y empuñaban sus armas con intención de tirarme del caballo, vivo o muerto.
Por fortuna, había una daga a lado de la silla, bien guardada en su funda. La desenvainé para defenderme de los perseguidores.

El primero intentó darme un tajo desde arriba, pude predecir su movimiento y pararlo con mi daga, el rechazo hizo tambalearse al soldado, que poseía una irrisoria corpulencia al lado de mi fornido cuerpo de herrero nórdico. Aproveché el momento para hacerle un rápido tajo en la cara que le hizo caerse del caballo, dando vueltas sobre sí mismo una vez se encontró con el suelo. Atrás quedó convirtiéndose en un punto cada vez más pequeño conforme la distancia entre él y mi montura aumentaba.
El segundo portaba un mandoble que empuñaba gracilmente con una mano, cuando igualó su caballo al mio, asestó una dura arremetida con su arma a las patas del pobre animal, lo que provocó que este cayese de bruces y yo saliese despedido contra el suelo. El golpe fue severo gracias a la fuerza extra ganada por la velocidad, el impacto me rasgó la camisa y recibí varias contusiones por todo el cuerpo, incluso tragué algo de tierra, pero la suerte no quiso que me rompiera ningún hueso.

El legionario que empuñaba el mandoble detuvo su caballo y comenzó a rodearme como si fuese un lobo preparado para abalanzarse encima de un conejo herido y asustado. Había perdido la daga con la caída y me encontraba completamente desarmado, aun así, la adrenalina de la huida y el fervor de la sangre me impedía razonar la situación y continuaba en posición de combate. El hombre, que seguía dando vueltas, comenzó a hablar:

- ¿Sabes qué escapar de la legión conlleva la muerte para una escoria como tu? - Pronunció con un tono burlón y como si estuviera regocijándose con esta oportunidad de derramar sangre de forma gratuita.

- ¡Soy inocente! Solo soy un herrero bien asentado de la capital. Estaba de viaje e intentasteis encadenarme como a una bestia. - Dije con tono desafiante.

- ¿Y qué hacía un hombre "inocente" en un carromato que transportaba soma ilegal? ¿Qué hacía un hombre de la capital huyendo de la legión imperial? ¿Qué hacía un herrero humilde robando un caballo y agrediendo a un soldado? Mientes, pero no importa, lo que seas o lo que hayas sido no te salvará del martillo implacable del imperio. - Respondió el soldado.

El soma era una bebida considerada ilegal en todo el imperio por su alta capacidad de producir dependencia entre los consumidores. Estaba destilada a partir de polvo brillante, una especia que solía venderse a los alquimistas para elaborar todo tipo de pociones y que provenía del lejano país de Elsweyr. Era una bebida que conocía muy bien pues, pese a su ilegalidad, podía usarse como medicina en casos especiales, como así lo era el de mi difunta madre. La única forma lícita de introducirla o exportarla en el imperio era mediante diligencias escoltadas por la propia legión, cualquier otro medio de transporte no estaba autorizado.

- ¡Yo no sabía que transportaba soma! ¡He pagado para ser llevado la provincia de Skyrim!. - Grité indignado

- ¡Basta! Estoy seguro que intentabas huir porque eres un criminal de la capital. - Reprochó rapidamente el soldado.

- No me interesa oír más excusas, ríndete o vete saludando a los 9.

En ese instante aparecieron tres legionarios más, uno de ellos era el que asesté el corte durante la persecución. La herida podía verse perfectamente en su cara, expulsando débiles hilos de sangre que recorrían su mejilla lentamente. Sus ropas, manchadas de polvo y tierra, mostraban algunas roturas e hilos descosidos.

- ¡Este hombre es peligroso! ¡Ha matado al auxiliar Cayo en la caravana a sangre fría y ha agredido a Máximo! - Gritó uno de los hombres que acababan de llegar, su armadura era de acero en vez del típico cuero tachonado de las armaduras tradicionales de la legión, debía poseer mayor rango que el resto.

- ¡Encadenadlo! Será llevado al tribunal de la capital para que sea juzgado como mandan los dioses. - Ordenó el hombre de la armadura de acero a los demás.

Consciente de mi situación me dejé caer de rodillas, derrotado y enfurecido ¿Cómo pude acabar en semejante situación? ¿Cómo podía ser tan desafortunado? Estas preguntas rondaban en mi mente mientras era esposado y llevado a lomos de un caballo de vuelta a Cyrodill.




miércoles, 4 de julio de 2012

"De nórdico cantar" - Sinopsis




Verano, veranito, verano.

Tiempo de rascar el escroto y disfrutar de la libertad del estudiante.

Siendo así, tengo la motivación de empezar otro fan fic (sí amigos, después de tanto tiempo sin escribir nada serio y teniendo dos sin acabar, allé voy a por el tercero XD). Esta vez, como muchos seguramente habrían pronosticado, trataré una temática la mar de interesante: el universo de Skyrim.

Este fan fic, que en principio va ser extenso, narrará las aventuras de Tjolnir de Gungir, un nórdico de nacimiento pero que ha pasado sus 30 años de vida trabajando como herrero en Cyrodil, decide regresar a sus tierras natales impulsado por un extraño sentimiento de nostalgia. Sin embargo la epopeya en la cual será partícipe no se la espera y conocerá a complejos personajes que darán un revés a su forma de comprender y ver el mundo.

Aviso que contendrá duros spoilers del videojuego, pues la trama se verá fuertemente ligada a las aventuras de mi personaje, así que si te estás pasando el juego o tienes la motivación de hacerlo algún día, te recomiendo que tomes cautela a la hora de leerlo.

La introducción la subiré proximamente, puede que para dentro de una semana o dos. El primer episodio más de lo mismo.

Espero que os guste lo que vaya escribiendo :)

martes, 30 de agosto de 2011

騎士の剣


- Recomiendo escuchar la canción del vídeo acompañando la lectura


Tsujin estaba ensimismado contemplando por la ventana aquella joven. La chica andaba meneando su esbelto cuerpo, provocando las miradas pervertidas de todo hombre con el que se cruzaba.
Su cabeza se erguía muy alta y no se dignaba a pararse para saludar a nadie, daba la impresión de que su honestidad tocaba tan hondo como su belleza alcanzaba los lindes del Olimpo.

A Tsujin esto no le importaba, se había quedado hechizado con la impresionante hermosura de la muchacha, no podía pensar en otra cosa desde que la vio aquel día y anhelaba poder cruzarse algún día con ella para intentar conocerla.

Unas semanas más tarde tuvo la oportunidad, mientras caminaba absorto en sus pensamientos tropezó con ella y cuando alzó la vista topándose sus ojos con los suyos se quedó perplejo. Ella hizo un gesto de grosería y se apartó de él para continuar su camino, sin reparar tan siquiera en la cara del pobre chico.

Tsujin se tiró en su cama nada más llegar a su casa, su decepción no alcanzaba límites... Sin embargo su chasco tornó a dolor y furia cuando salió abrió la puerta de su casa para bajar un rato a tomar el aire, la vio a ella petando en la puerta de enfrente, el piso de Mocunado, aquel tío que solo le importaban sus músculos y trataba a todo el mundo como vulgares moscas apaleables.
Tsujin cerró la puerta de golpe y se quedó espiando por la mirilla de la misma, contempló como la muchacha se abalanzaba sobre el mastodonte para comerle la boca lascivamente mientras las manos de ambos se tocaban las más recónditas partes de sus cuerpos.

El giró la mirada hacía el suelo, con los ojos húmedos... Pero se obligó a si mismo a no soltar ni una lágrima. Al rato se escucharon gemidos y golpes, que fueron a más a la par que la furia de Tsujin aumentaba.

No estaba furioso porque otro hombre tocase a la mujer por la que sentía tal obsesión, si no porque no podía entender como alguien de tan extraordinaria belleza podía sentir cualquier tipo de atracción por un ser ruin y carente de inteligencia para poder convivir con la gente civilizada la menos.

Los años pasaron y esto no se convirtió más que en una triste anécdota de la adolescencia de nuestro protagonista. El ahora presentaba un cuerpo curtido por los entrenamientos de combate, se había alistado en el ejército de su país para luchar en la guerra. Sus aptitudes eran increíbles y en poco tiempo sus proezas le habían ascendido a coronel de todo un regimiento de más de mil hombres.

En su pueblo era famoso, participó en muchas batallas de las cuales otras muchas fueron decisivas para la victoria de su país. Practicamente era un héroe para todo el mundo que le rodeaba aunque en su interior se sentía horriblemente mal. Segó la vida de muchas personas, personas que como él se alistaron para luchar por algo que no sabían si creían o no, jóvenes confusos y arduo valor.
Aunque para el resto era un formidable guerrero, para él mismo no era más que un tío con suerte y con ganas de vivir...

Un día mientras paseaba por las tranquilas calles de su pueblo tropezó con una chica. El robusto cuerpo apenas notó el impacto de un cuerpecillo debilitado que rebotó atentando contra la dura calzada. La chica se había magullado y Tsujin la ayudó a levantarse. Cuando sus ojos se cruzaron él la reconoció al instante, era aquella adolescente hermosa que tanto había taladrado los pensamientos del héroe, pero que ahora no eran más que la ventana a un recuerdo pasado de lo que era. La chica presentaba un aspecto lamentable, sus ropas eran las de una vagabunda y estaba demasiado delgada, parecía como si llevase días sin comer.

Ella no sabía quien era Tsujin en realidad, solo lo que saben todos los del pueblo y sintió demasiada vergüenza por lo que apartó la mirada y siguió su camino, pero esta vez con la cabeza baja...

Tsujin le agarró del brazo y sacó de su bolsillo una bolsa donde llevaba un bocadillo para comer más adelante, tenía pensado sentarse en un banco al lado del estanque para merendar contemplando la calida tranquilidad de las ondas del agua. Abrió la palma de la mano de la chica, posó el bocadillo en ella y a continuación le cerró los dedos.
La chica se quedó perpleja con la boca semiabierta, sin decir nada.

Pero él si dijo algo.

Aquellos adorados por los demás tenemos la obligación de alimentar sus esperanzas, si no el fruto de su dolor hará que el destino se torne para darnos de comer lo que realmente nos merezcamos.

Dicho esto, soltó la mano de la chica y siguió su ruta sin mirar atrás.

La muchacha cerró la boca del todo y un par de lágrimas corrieron por sus pálidas mejillas... ¿Lágrimas de alegría por la bondad recibida o por el arrepentimiento que las palabras de Tsujin le había hecho emerger?


"El demonio tiene 9 personalidades diferentes, la más noble es aquella que sigue sus principios hasta el final de los tiempos sin arrepentirse nunca de las decisiones tomadas. Por ello muchas veces no se considera como una aptitud diabólica pues el bien también la representa en muchas ocasiones. Esta personalidad tiende a sufrir mucho y pierde más que gana con el paso del tiempo, pero es respetada, querida y sobretodo le da la paz aquel que la representa, pues no hay mayor satisfacción que cumplir con los propósitos que uno se encomienda por duros que estos sean."

7º Personalidad del Rey Demonio, Nero, Caballero de la Rectitud.



miércoles, 17 de agosto de 2011

The Sense Of Angels




Una ciudad desolada, criaturas deformes moviéndose retorcidamente y un hombre con la mirada seria se sitúa en el centro de todo...

LOS DEMONIOS TAMBIÉN LLORAN

Andando con el paso lento pero decidido, se encuentra en un pasillo donde los escombros y las pintadas son las protagonistas. Él no sabe quien es, no sabe ni su nombre tan siquiera. Su único recuerdo son las aptitudes que el cuerpo memorizó de forma instintiva y que le permiten blandir una espada y empuñar una pistola como un asesino profesional.

Bestias y almas oscuras acechan en su camino para asaltar su atormentada procesión... Sin embargo no son rivales para su disciplina curtida que el mismo da vida con sutiles movimientos sin ser capaz de entender como es capaz de ejecutarlos con tal calidad.

Aun sumido en la mayor de las confusiones, decide buscar la salida de la caótica ciudad y buscar respuestas.
Los grafitis se transforman en mensajes visuales que le indican como salir y unas esferas negras con un visor rojo siguen su ruta.

Alguien le ayuda bajo el anonimato y está atento a sus movimientos.

Al final de su camino se muestra ante él y se confiesa como el mismísimo diablo. La historia de el muchacho se concentra en un desterrado de Dios, hombre de sangre infernal abandonado en una ciudad alejada de la mano de Dios para morir como un mendigo. Sus lacayos son ángeles disfrazados de horrendas criaturas que desean acabar con ese error, pero no son suficientemente fuertes como la voluntad del chico.

El hombre decide avanzar hasta el final del trayecto y salir de la maldita ciudad.

Lo consigue y fuera le espera el juicio que dictará sentencia por un simple prejuicio...




domingo, 3 de julio de 2011

Un punto de vista alternativo



Que rico está el whiskey a las 11 de la noche un día entre semana. Eso mismo se me pasaba por la cabeza mientras removía el vaso viendo como el cubito de hielo se meneaba sinuosamente bañado en el líquido dorado.

Pegué un trago y deposité el vaso en la barra sin despegarlo de mi mano. Fue entonces cuando le ví por primera vez. Un hombre alto que vestía una gabardina oscura que le cubría desde el cuello hasta los talones, con su mirada vigilaba todo a su alrededor aunque la expresión que emitía daba la sensación de que realmente no estaba viendo a nadie.

Se sentó a mi lado y sin levantar la cabeza pidió una copa de Brandy. Gustosamente el camarero se la pasó deslizándola por la barra, el hombre la atrapó sin inmutarse. Se quedó ensimismado mirando la copa unos segundos y después le pegó un trago sin vacilación, acto y seguido la posó en la superficie de madera y volvió agachar la cabeza. Parecía un tipo realmente curioso, la verdad.

- Dime, ¿Alguna vez has querido romper con todo? ¿Desprenderte de las cadenas que te atan a una vida monótona y vacía? - Me preguntó al cabo de un rato.

- ¿Me estás hablando a mí? - Pregunté extrañado.

- No hay nadie más cerca, el camarero se ha ido al cuarto de baño.

- ¿Cómo sabes que se ha ido al lavabo? - Repliqué.

- Eso no tiene importancia, pero respóndeme si puedes.

Me quedé un rato meditando, era una pregunta con trampa, o al menos eso a mi me parecía porque estaba lejos de ser algo normal.

- La verdad es que no, soy un tío sencillo que ama las cosas sencillas. Soy feliz con mi vida tal como es.

- Comprendo. - Dijo él sin despegar la mirada de su copa de Brandy.

- ¿A qué venía esa pregunta tan extraña? ¿Sueles buscar conversación entrando con esos temas tan dispares? Le pregunte de nuevo curioseando.

- Te lo pregunté a ti porque me parecías una persona sincera, pero veo que me he equivocado. - Dicho esto el hombre se levantó y se fue por la puerta, dejando la copa a medio terminar y sin pagar.

Observé la puerta que se quedó en un vaivén debido a la fuerza del viento, fuera hacía un tiempo de perros aunque no había empezado a llover todavía. Algo me llamó la atención, donde estaba la copa de Brandy ahora había una bolsa de plástico con una especie de polvo blanco en su interior. Pensé que sería un poco de coca que se la habría caído al individuo así que eché mano de ella, con esa maravilla esta noche prometía ser verdaderamente divertida.

Dejé encima de la barra los 4.50€ que costaba el whiskey, cogí mi abrigo y me largué por donde se marchó el hombre misterioso. Justo fue poner un pie en la calle y empezó a llover poderosamente, me cagué en todo lo cagable y eché a correr hacia mi coche. A mi desgracia no estaba donde lo había aparcado, me agaché para ver si veía algún cristal roto o alguna marca de neumático que verificase que me lo habían robado pero no había nada, absolutamente nada, además la intensa lluvia dificultaba la visión y estaba acabando con mi paciencia, y como no me diera prisa también con mi salud.
Me refugié debajo de un toldo de una tienda de ultramarinos, saqué un puro a medio terminar del bolsillo de mi chaqueta y lo encendí con un zipo que extraje del otro bolsillo. Malditos puros habanos, sabían mejor el puto whiskey, pensé para mis adentros. Después de la primera calada fuerte, solté el humo que se difuminó entre la oscuridad de la noche, y a mi sorpresa apareció el hombre del bar.

- Tienes algo que es mio - Me dijo con una expresión amenazante.

Saqué la bolsa y se la tiré.

- Toda tuya amigo, de todas formas el sabor bendito de esta maravilla me ha recordado que cosas como esas no me hacen falta para ser feliz. -  Le espeté con una sonrisa burlona.

- Estás muy equivocado. - Respondió al instante.

Como un rayo, extrajo el polvo blanco de la bolsa y con una fuerza sobrehumana me agarro del cuello. Acto y seguido hizo que inhalase el polvo y me soltó.

- La gente como tu me da mucho asco, os acomodáis con placeres estúpidos y vicios comunes. Siempre creéis que el mundo gira a vuestro alrededor y os engañáis, merecéis realmente morir y sufrir como ratas.

-¿¡Qué mierda me has metido!? ¿¡Qué cojones quieres de mí gilipollas!? - Le grité desde el suelo, no podía moverme y mi cara estaba roja, me ardía el cuerpo.

- Esto no es droga, pobre hombre, es algo que no tiene importancia como todo lo te que sumerge en la vida. Morirás entre terribles visiones de como debería haber sido tu mundo.

Dicho esto se dio la vuelta y echó andar, esta vez iba con la cabeza bien alta y las gotas de lluvia rebotaban en su rosto, pálido como la nieve. Se perdió entre las sombras de las calles y la noche, mientras tanto yo me quedé en el suelo, maldiciendo y gritando. Le grité porque me había dado esa porquería, que había hecho con mi coche y porque a mí y no a otro, eso fue lo que más le grité conforme pasaba el tiempo y el dolor carcomía mis entrañas.

Acabé viendo cosas raras: edificios derrumbándose, gente deshaciéndose en vísceras, dolor, sufrimiento, sueños rotos... ¿Porqué veía esas cosas antes de morir? ¿No se suponía que cuando mueres lo que ves es toda tu vida en un segundo?

Pero acabé comprendiendo, esa era realmente mi vida. Una metáfora en imágenes desagradables, una vida vacía, esculpida por el sometimiento a los vicios fáciles y la derrotas por no reconocer mi falta de esfuerzo. Entendí que lo que le repugnaba aquel hombre era que mi vida había sido enfocada por el mal camino, de no serlo así podía haber sido otra persona, quizás alguien importante que contribuyera en la felicidad global.

Lo que no pude entender aun así, es porque ese hombre estaba tan interesado en que me diera cuenta y sobre todo, porque justamente había sido él y no yo quién lo sabía.

Acabé cerrando los ojos y muriendo placidamente, pese al sufrimiento al que había sido expuesto. Mi cuerpo estaba retorcido como una obra de arte vanguardista y brotaba sangre por todos los orificios posibles. Parecía una fuente cuyo caudal estaba cerrándose, una estatua incomprensible en medio de un estanque de líquido rojo totalmente desolador.

Esa era mi visión de lo sucedido, pero no era más que una pequeña parte de una cosa más grande, un grano de arena que formaba una playa que se perdía a la vista.

Esa red tan grande es la que tenéis que descubrir vosotros mismos, yo no puedo hacer más.


- Memorias de un personaje sin importancia -

miércoles, 25 de mayo de 2011

The Experience




El lleva una vida mediocre marcada por el ritmo de la rutina de una gran ciudad. Desde pequeño le inculcaron ciertos valores morales tales como el estudio es la meta de un trabajo digno que le permitiría vivir como una persona corriente. El vive para su trabajo, solo, en un piso pequeño donde el blanco hace gala de su dominio hasta las paredes infinitas.

Ella siempre se caracterizó por tener una personalidad bien definida, marcada por unos retos insuperables para la mayoría y un objetivo clave en la vida: ser feliz cumpliendo sus sueños o morir en el intento. Trabaja como modelo, cantante y actriz, su fama no tiene fin. Agraciada con el don del buen cantar, la belleza envidiable y el arte es la pasión que recorre todo su cuerpo.

El desayuna, come y cena en el bar enfrente de su casa. Su máxima aspiración social radica en algún día tener un desliz con la camarera, la cual posee una belleza solo destacable por su tierna juventud y que carece de las directrices propias de una persona culta. Los ápices de su personalidad son horrendos: debilidad, irresponsabilidad, palabra barata, adepto a los vicios comunes, inocente e inmaduro. 

Ella no tiene un hogar claro, viaja con sus representantes y equipo de país en país para mostrar sus cualidades al mundo. Tiene todo el dinero que cualquiera pudiese desear pero simplemente lo almacena y almacena sin darle nada de importancia. El amor es algo que desprecia y lo considera como un elemento fetichista y material para los tiempos que corren, el sexo y demás vicios los ve como atracciones para seres inferiores, vive pura y para su sueño hasta que el aire que respira se mancille.

Un día una bomba de gran potencia mortífera estalla en la ciudad, todas las personas mueren. Se cree que es por una facción terrorista en contra de los ideales del gobierno, o al menos es lo que dicen las noticias de las pocas televisiones que siguen funcionando en los escaparates de las tiendas de electrodomésticos. 
En el momento de la explosión él se encontraba viajando en taxi, venía de tomar unas copas con un par de compañeros del trabajo, una ruptura a la monotonía que aumenta con creces su ignorante felicidad. El vehículo volcó debido a la fuerza de la onda expansiva y perdió el conocimiento.
Ella se encontraba cantando en uno de sus múltiples conciertos de la gira en este país. Cuando el desastre ocurrió sus guardaespaldas bien pagados por el manager la protegieron, dando sus inútiles vidas por la suya. 

El se despierta y vaga sin rumbo, conmocionado y aterrado al contemplar la ciudad como una mansión fantasma. Se detiene para ver cómo entre una gran cantidad de cuerpos calcinados algo se mueve. Instigado por la curiosidad o el morbo, se acerca a observar cuidadosamente y reconoce a una chica que había visto bastantes veces por la tele. En su momento solo le pareció otro elemento más con el cual desahogar sus noches de soledad en una cama vacía, sin embargo ahora le parecía un rayo de esperanza más valioso que cualquier cosa que su mundo le había enseñado.

Ella intenta respirar y salir de entre los pesados cuerpos ennegrecidos. Cuando consigue asomar el rostro en el aire fresco grita una palabra que antes nunca hubiese pronunciado para no herir su orgullo: ayuda.

El tiene mucho miedo, lo primero que su mente ordena es huir lejos sin mirar atrás. Pero su instinto de supervivencia le lleva a ayudar a los seres de su especie en situaciones como esta, se acerca todavía más y empuja los cuerpos cuya vida había expirado. Consigue toparse con la mano de la muchacha y al tocarla siente como un escalofrío recorre su cuerpo, la ayuda a salir completamente y cuando lo consigue, ella se desploma sobre sus brazos pronunciando otra palabra extraña: por favor.

El recorre las caóticas calles, donde el fuego y el humo entre innumerables desperfectos son quienes las abarrotan. Su paso es lento pero firme y la lleva a ella entre sus brazos inconsciente. Grita cada cierto tiempo si alguien le escucha, si alguien puede ayudarle, pero sabe bien que se encuentra solo. El miedo y la ignorancia le empujan a gritar estas inutilidades.

Ella se despierta y el decide posarla en el suelo de forma que la espalda descanse contra una pared que se encuentra en buenas condiciones. Ella le mira con un semblante serio, dentro de sí misma está enfadada por su debilidad y a la vez atormentada por no saber cómo reaccionar ante una situación así, toda su vida fue muy arrogante con la gente que le rodeaba, un ser asocial que siempre consideró a los demás como un estorbo.

Él le pregunta si se encuentra bien, si sabe que ha sucedido y sin reparar empieza a llorar por las fuertes imágenes que había presenciado. Ella no contesta, sigue seria y no comprende la reacción natural del hombre, nunca había derramado ninguna lágrima, ni tan siquiera cuando era un bebé hambriento o asustadizo. De todas formas, sintiéndose avergonzada por dentro por lo que está haciendo, se levanta y abraza al hombre como gesto de consolación. El se siente cálido y mejor, pero no puede parar de llorar y grita, pregunta en alto porque le ha tocado vivir semejante experiencia desagradable.

De pronto, el sonido metálico de una viga se escucha fuertemente. El tejado del edificio donde se encuentran se desploma por los daños atentando contra sus melladas vidas. Ella sigue seria, ve caer los desperfectos pero reacciona a tiempo para cubrir con su cuerpo al hombre quien permanece ajeno centrado en sus penurias.

Un gran estruendo finaliza el desplome donde ellos son sepultados. El está ileso, se da la vuelta y se topa con los ojos llorosos de ella, un hilo de sangre recorre la comisura de sus perfectos labios y su mano entre abierta comienza aflojar los sinuosos dedos. El separa los bloques de cemento y metal que los recubren y comprueba estupefacto la atrocidad sangrienta que tenía ahora la chica por cuerpo.

Un cuerpo tallado con la misma mano de dios, una belleza imposible de entender para la gente común destrozada en cuestión de segundos. El comprende que este sacrificio fue por salvar su gratuita vida, un sacrificio imposible de compensar, algo totalmente fuera de lo natural y lo correcto.

Ella es fuerte hasta en su último hálito de vida, siempre mostrando rectitud a sus decisiones aunque la que acaba de emprender fuera totalmente contraria a sus principios. Ella muere feliz, por un lado el orgullo sigue ahí por vivir como ella siempre había querido sin doblegarse nunca, por otro no lo entiende, pero está feliz por haber salvado lo que para ella lo era todo en otra persona.

El color ardiente de sus ojos se apaga, su piel pierde la poca tonalidad que guardaba. Es el fin.

El no es capaz de hacer nada, de llorar, de ayudarla, de darle las gracias...

Se levanta con los hombros caídos y decide andar, sin un camino selecto, con el cerebro trabajando el triple de lo normal. Sentimientos, experiencias y principios luchan en una batalla encarnizada usando de frente su limitada mente. No puede soportar este conflicto, no ha nacido para cargar con semejante peso de circunstancias, el instinto natural es más débil que el racional que dicta que no se ha realizado un cambio equivalente.

Un aspa de un helicóptero derribado está clavada como una púa sedienta de sangre. El vehículo debió perder el control con el choque de la explosión y cayó causando el destrozo total de sí mismo, pero eso a él le era indiferente. Se arrodilló ante el aspa y con un movimiento rápido y seco arremete con su cuello, desgarrando rápidamente la garganta.

Su cuerpo cae de lado sobre el asfalto agrietado, la sangre mana como un torrente violento de su cuello creando un lago brillante que recorre pausadamente la superficie sólida. No siente dolor, no siente miedo, solo un tormento que se apaga al ritmo que su corazón deja de latir. Su mente inútil encuentra la paz con semejante acto estúpido, como el destino, las directrices sociales y las experiencias mal fundamentadas habían predicho. 

Humanos

Configúrales la mente, prográmales su rutinas y aun así obtendrás aquello totalmente lógico: su humanidad abriéndose paso ante la razón.

miércoles, 11 de mayo de 2011

¡Hola Guerra! - Primera Parte




La música contrarrestaba el sonido del aire, el tema de Born to be wild sonaba en cada una de las radios de los helicópteros creando un concierto aéreo de lo más original.

A mi izquierda se encontraba el cabo Means, un hombre delgado con el cuerpo lleno de quemaduras que exhibían su experiencia en combate, portaba un chaleco bajo un cinto de granadas que cubría de hombro a cintura su torso. En su mano descansaba un rifle M-16, el arma reglamentaria del ejército americano, capaz de disparar tres ráfagas continuadas sin que el portador se vea muy afectado por el retroceso, a diferencia de los rifles convencionales.

De frente estaba el hombre al mando del pelotón al cual pertenezco, el Sargento Jameson, un hombre ya mayor, con un cuerpo fornido y una mirada que congelaba a todo aquel que tuviese el valor de postrar sus ojos en ella. Mascaba un chicle con la boca abierta mientras marcaba con un cuchillo las balas de su Python, el revólver reglamentario, pequeño pero mortífero para cualquier "Charlie".

Los demás no tuve tiempo para conocerlos, eran todos reclutas como yo que solo habían visto la guerra desde la televisión. Nunca habíamos matado a nadie, pero creíamos que estábamos preparados para hacerlo y no me aterra pensar en ello, sin embargo lo que realmente temía es que mi mirada se volviese vacía y agresiva, como la de aquellos que conocen mejor la muerte que la mismísima Parca.

Nosotros somos el pelotón Ginebra, formado por once miembros repartidos en dos helicópteros. Tenemos el objetivo de infiltrarnos en las trincheras del enemigo en una estepa olvidada por la mano de dios, se le llama el "Desierto del Diablo", porque todo aquel que permanece allí más de dos días acaba en el infierno.

- Señores, ustedes todavía no han saboreado el placer de verter la sangre comunista ¿Verdad? - Dijo el Sargento.

- Señor estoy deseando reventar la cabeza a miles de Charlies, señor. - Dijo uno de los reclutas.

- Hijo, si consigues matar a uno solo sin que te despellejen te recomendaré para una medalla. - Respondió Jameson desencadenando las risas burlonas del resto del helicóptero.

- Usted, ¿Cómo se llama? - Me pregunto a mi.

- Mi nombre es Nathan Dallison, Señor. - Respondí con decisión.

- Dallison ¿eh? ¿Eres de Texas? - Me volvió a preguntar.

- No, señor, soy de un pueblo de Colorado.

Tras estas preguntas carentes de sentido el hombre escupió al vacío el chicle que estaba mascando, este salió volando hacía atrás perdiéndose en la ventolera. Se sacó del bolsillo de la chaqueta un puro habano seguido de un mechero zipo, encendió el cigarro, lo saboreó y soltó una rosquilla humeante.

- Dallas, será tu nuevo nombre porque me gustan sus clubs, allí fue donde me tiré a la puta más cachonda. - Volvió a hablar con el puro humeando en su boca desencadenando las risas de nuevo.

Una pequeña base emergió en el horizonte, era de los nuestras. En ella poco a poco se pudo apreciar un par de edificios que parecían ser los barracones, un helipuerto y un hangar de vehículos terrestres. Aterrizamos allí tranquilamente y las tropas empezaron a desplegarse.

- Bien, señores a partir de aquí iremos a pie hasta el objetivo. No podemos acercarnos más por aire ya que nos han informado que los cabrones cuentan con apoyo antiaéreo, coger lo indispensable y prepárense para sudar la gota gorda. - Gritó el Sargento.

Yo, como la mayoría de los novatos, iba cargado con todo el material que creía importante, pero al final todos nos quedamos con nuestro rifle, una colt 45, una mochila con nuestras raciones de comida y agua y un cinto con cargadores.

Comenzamos la ruta hacia la estepa, con el sargento guiándonos. El trayecto se hizo duro, el sol mermaba nuestra energía de forma acelerada y la tierra arenosa se pegaba a nuestra piel como una pasta impermeable que nos hacía sudar todavía más. El cabo nos explicó la tarea propia de cada uno, a mi me tocaría junto con otro recluta llegar hasta las oficinas subterráneas para coger cualquier prueba del posible proyecto de ataque que Inteligencia creía que llevarían a cabo.

Llegamos a una zona rocosa, rocas grandes como tanques se expandían ahora delante nuestra con pinceladas tímidas de arbustos secos y árboles. El Sargento ordenó con una seña de su brazo que nos agachásemos y guardásemos silencio, esta zona era perfecta para comernos una emboscada. Ordenó avanzar lentamente y con ojo avizor. Contemplé como algunos de los nuevos apuntaban temerosos con sus rifles a cualquier indicio de movimiento, temblando y algunos hasta dejaban escapar sordos gemidos de nerviosismo.

Se pronto, vi algo en una roca, parecía como una especie de sombrero blanco pero no me dio tiempo a fijarme, rapidamente desapareció. Me acerqué lentamente a la zona, me apoyé en la roca y me lancé con rifle en alto a la dirección donde desapareció el objeto. No había nada ni nadie, suspiré y bajé lentamente el arma, el cabo apareció detrás mía y me preguntó:

- ¿Qué sucede soldado?

- Creí haber visto algo, Señor. - Respondí bajando la mirada decepcionado.

- No se fíe, esto es Vietnam y la locura también es un enemigo fuerte. Siga sus instintos pero procure no perder la cabeza, es la mejor arma que tiene y sin ella no sobrevivirá. - Me aconsejó.

- Gracias, Señor. - Respondí agradecido y volví a mi formación.

Atravesamos el área rocosa y nos adentramos en la selva, el Sargento nos dijo que Inteligencia encontró unas madrigueras del Vietcong que podíamos utilizar para llegar más rápido a las trincheras enemigas, pero antes tendríamos que limpiarlas ya que aunque el informe decía que estaban abandonadas, no es la primera vez que se equivocaban de pleno.

- Los vietnamitas son como putas ratas, se reproducen hasta en la mierda y seguro que volverán a casa de mami a comer el queso, preparar vuestras armas porque seguro que tendremos la fiesta servida. - Esa frase del Sargento se me quedó bien grabada.

Comenzamos a reptar por la frondosa jungla, arrastrando nuestros cuerpos entre el fango y las hojas. El Sargento nos ordenó pararnos nuevamente, habíamos llegado a las madrigueras pero como bien había dicho el Sargento, estaban repletas de actividad vietnamita. Mientras los dos al mando discutían como proceder el ataque, una serpiente de severas proporciones se deslizo por las piernas de un soldado que estaba apostado enfrente de mi, el animal llegado al momento oportuno enroscó el torso del soldado haciendo una espiral y este comenzó a gritar de dolor.

El Sargento se sobresaltó con los gritos.

- ¡Qué coño pasa!

- ¡Señor, una serpiente esta atacando a Shutterland! - Dijo un soldado asustado, el hombre era de baja estatura y llevaba unas gafas que le daba el aspecto del típico empollón de escuela.

El atacado se retorcía de dolor en el suelo mientras el animal lo abrazaba más fuerte, los gritos también alertaron a los vietnamitas que enviaron una patrulla a nuestra posición. Jameson desenfundó su cuchillo militar, se acercó al pobre hombre y le arremetió una cuchillada en un lado del cuello. Todos nos sobresaltamos al ver la acción de nuestro superior, implacable e inesperada.

- ¡Señor! ¿Por qué le ha matado? - Preguntamos todos

- Ya estaba muerto, este bicho es una pitón tigrina y una vez te coge te aplasta los huesos hasta dejártelos hechos papilla de la abuela. Era preferible acabar con su sufrimiento antes que cargar con un soldado que no sirve de nada. - Respondió seriamente.

La serpiente se dispuso ahora a engullir su trofeo, ninguno de nosotros se quedó mirando la desagradable escena.

Means nos avisó de la aproximación de una patrulla enemiga, nos tumbamos nuevamente y nos cubrimos los cuerpos con hojas y lodo, para camuflar nuestra presencia. La patrulla pasó muy cerca nuestra, atenta a cualquier alteración en el medio. Cuando divisaron a la pitón engullendo a nuestro compañero se alarmaron al identificar el uniforme americano, pero dos soldados avisados previamente por el Sargento apuñalaron en silencio a los dos curiosos.

El resto de miembros de la patrulla esperaban juntos e impacientes, Means lanzó una granada de fragmentación tipo beísbol que cayó en el centro del grupo sin que estos se percatasen. La explosión acabo con todos ellos, originando una lluvia de trozos de carne y ropa rasgada. Los demás soldados enemigos gritaron al escuchar la explosión y alzaron sus rifles, disparando en nuestra dirección.

- ¡Ahora maricones, demostrarme porque estáis aquí! - Gritó Jameson levantándose y disparando su rifle.

Los demás imitamos su movimiento, ambos ejércitos intercambiamos ráfagas. Los VC fueron cayendo poco a poco, el ataque sorpresa improvisado resultó efectivo, sin embargo tuvimos dos bajas: Jonh Cassis y Michael Larsey, dos novatos como yo, nunca tuve la oportunidad de conocerlos y ni tan siquiera de hablar con ellos. El Cabo recogió sus chapas de identificación:

- Descansad en paz, compatriotas. - Dijo arrodillado ante los cuerpos sin vida, mientras hacia el gesto de la cruz católica con el dedo.

- Means, no me jodas que en tu vida eres cura. - Comentó el Sargento, que pasaba por allí mientras se encendía otro puro.

- Soy Pastor en mi barrio, Señor. - Respondió mientras se levantaba ofreciéndole las chapas a su superior.

- Quédeselas, no soy tan buen hijo de dios como para cargar con ellas. - Dijo haciendo un gesto de desprecio.

Tras esto, el Sargento nos indicó como teníamos que recorrer las madrigueras. Eran pasadizos donde apenas se podía avanzar agachado y la oscuridad era la dueña, el peligro de derrumbamiento aseguró que era mínimo, que tuviéramos más en cuenta la presencia de VC, pero yo no sabía cual de los me atemorizaba más, si morir aplastado por rocas o apuñalado por otro hombre.

Me tocó ir delante, con una linterna agarrada por una mano mientras con la otra sujetaba la batería, totalmente desarmado pero alguien tenía que hacerlo. Las gotas de sudor me resbalaban una a una, engendradas por el miedo y el calor que hacía ahí debajo, "Esto en verdad es el infierno" pensé para mis adentros.

Al llegar a un punto el camino se bifurcaba, el Sargento se cagó en todo los santos que pasaron por su mente y optó por dividir el pelotón. El Cabo se opuso a la idea ya que uno de los grupos tendría que avanzar a ciegas, estaría condenado a una muerte segura, sin embargo el Sargento no retiró su orden y se crearon los dos grupos: uno liderado por el Sargento que seguiría por la derecha con tres hombres (en el cual continuaba yo iluminando a la cabeza) y el otro con los tres restantes guiados por el Cabo. Me quedé intrigado por un detalle mientras discutían los superiores, unos cables, puestos maltrechamente, recorrían los pasadizos comenzando por la bifurcación izquierda y seguían hasta perderse en la oscuridad.  Los grupos acabaron por formarse y continuamos nuestros caminos, cada cierta distancia, los cables penetraban en la tierra y volvían a emerger, dejando un hueco en blanco en su recorrido.

De pronto se escucha la llamada del walkie-talkie del Sargento, este apretó el botón de recepción y se escuchó la voz de Means gritando:

- ¡Salgan de ahí! ¡El túnel esta repleto de Goma C3!

- ¿C3? ¡Eso es imposible, es un explosivo prototipo! - Respondió enojado el Sargento

- ¡No bromeo Sargento, aquí hay tanto explosivo que puede hacer salir por los aires un aeropuerto!

- ¡Mierda! ¡ Joder! ¡No nos queda nada de camino, seguiremos pero más rápido soldados! - Ordenó Jameson.

Comenzamos a movernos depirsa, los suspiros de nerviosismo se escuchaban a pesar de que estuviera en la cabeza del grupo. Llevábamos media hora desplazándonos cuando se escucho una explosión lejana y todo el subsuelo que nos rodeaba tembló dolido.

- ¡Rápido cojones! ¡Más Rápido! -  Gritó el Sargento.

Las explosiones se fueron sucediendo una detrás de otra, cada vez se sentían más próximas. No fue difícil deducir que cada hueco entre los claves se trataba de un explosivo enterrado, a este paso las explosiones acabarían por alcanzarnos y destrozarnos. La tierra y y pequeñas rocas caían sobre nuestras cabezas, creía que no lo contaba.
Al final conseguimos divisar una luz lejana, corrimos lo más que nos permitía el hueco del túnel, acabé soltando la linterna para moverme con más rapidez. Sin embargo la onda expansiva de las explosiones nos alcanzó y el túnel se estaba derrumbando del todo. Gritábamos aterrorizados, nos empujábamos y a nuestra sorpresa lo que nos salvó fue otra explosión. Estábamos ya cerca pero las rocas comenzaron a bloquearnos la salida, una última detonación nos empujó con cantidades industriales de tierra hacía el exterior y salimos despedidos por la apertura.

Fue un milagro, estábamos vivos, todos. El Sargento llamaba incesantemente al Cabo para saber su estado, pero el walkie solo emitía sonidos de interferencias.

- El Cabo es duro mi Sargento, seguro que habrá salido de esta. - Le dije para calmarlo.

- Lo se, Dallas, lo se mejor que nadie. - Suspiró Jameson mientras guardaba el walkie.

De pronto se escuchó el grito de un VC, nos dimos la vuelta y allí estaban. Muchos de estos mamones apuntándonos y gritándonos. El Sargento ordenó arrojar las armas y tumbarnos con las manos sobre la cabeza, así lo hicimos menos uno, el chico de las gafas de empollón, que atemorizado empezó a sollozar y disparó su arma contra los vietnamitas. Apenas había apretado el gatillo cuando fue acribillado por cientos de balas, quedó totalmente destrozado e irreconocible.

Los tres que quedábamos, llenos de polvo y sudor, temíamos lo peor. Sabíamos que nos torturarían, que nos harían cualquier cosa por descabellada que fuese para que traicionásemos a los nuestros.

Lo que ocurrió después nunca lo hubiéramos imaginado...



- FIN de la Primera Parte -