martes, 4 de junio de 2013

Visión Neriana del final de Lost Odyssey y la Inmortalidad.

Recientemente he terminado el videojuego Lost Odyssey, uno de los grandes del género J-RPG y quizás la cabeza rolera de la generación.




Como no podía ser de otra forma, la historia ha sido un punto fuerte del programa y que ha servido como núcleo donde todo lo demás era movido según su decisión, una historia muy muy buena que me ha encantando en todos sus sentidos.

No obstante, encendió en mí muchas dudas sobre el origen real de los inmortales, personajes principales en el juego que no podían morir y que estaban condenados a ver pasar generaciones de civilizaciones mientras ellos seguían impasibles al reloj patriarcal del destino.
Era de propio derecho que la inmortalidad estuviese ligada a una correcta y profunda explicación argumental, pero no han conseguido dejarlo del todo claro, con Sakaguchi de escritor, la narrativa no puede ser simple y plana, siempre tiene que dejar sitio para que la mente del jugador ordene las ideas y saque los detalles que completen su puzzle entramado.




Para poder empezar esta teoría tendremos que tomar como punto de partida lo que viene a continuación:

La energía mágica.

La ambientación medievofantástica del juego esta conectada de una forma imperiosa a la Magia, como otros tantos títulos del género, pero dicha Magia no consta solo de un poder para lanzar hechizos, si no de una fuerza practicamente divina que mueve los engranajes del mundo y del universo. Tal es así, que se crea y madura con la constante batalla de los sentimientos encontrados en la humanidad, como pueden ser el odio, el amor, la codicia, la valentía, etc.

Las continuas generaciones de sentimientos fluyendo como un torrente fortaleció en cantidades astronómicas la energía mágica hasta convertirla en la principal fuente renovable que alimenta la infinidad de mecanismos y artilugios vinculados a la tecnología de la época. Esto no solo afectó de forma positiva a la humanidad, si no que también transformó el mundo en algo mucho más peligroso.

Los animales, antaño conocidos como bestias pacíficas e incluso domesticables, mutaron en criaturas sedientas de sangre que no dudan en masacrar a cualquier incauto que se adentre en el bioma salvaje del planeta.

La Magia afectó al componente climático generando tormentas que arrasaron flotas enteras, movimientos sísmicos que dividió los continentes y glaciares que hundieron grandes civilizaciones a fósiles congelados en las entrañas del mundo.




Pero a pesar de todo esto, algo diferente e inimaginable también decidió nacer.

La Sala de los Espejos.

Un alto pilar nacido en lo profundo de las aguas donde se concentra una cantidad de energía mágica desorbitada. Podemos decir que si la Magia fuese la sangre del planeta, la Sala de los Espejos es una herida donde toda ella intenta salir de forma frenética y que cicatrizó mostrando la más pura y poderosa de todas las Magias tentada de volver a escabullirse para arropar la atmósfera del mundo.

Esta Magia es tan compleja y basta que podemos decir que se trata en sí de una nueva dimensión paralela u otro mundo alternativo al existente en el campo físico, en embargo, por lo que se da a entender en el juego, no hay nada más allá de ella que un vacío donde corrientes de magia ruidosa chocan entre sí como titanes debatiéndose por el dominio del universo.

Pero... ¿Por qué es tan importante esta Sala?

Aquí es donde emergieron los Inmortales, los protagonistas del juego y el epicentro de este artículo.

Inmortales, aparentemente humanos de carne y sangre pero que no están sujetos a los finos hilos del sino.

¿Por qué han aparecido? Como ya he explicado, la Sala de los Espejos alberga un torrente de energía mágica muy poderosa e inestable, tan profunda, tan compleja que no es descabellado llegar a pensar que haya desarrollado una conciencia propia y esta se tentase en descubrir como son aquellos seres que dan a luz la energía que la compone, con esos extraños y desconocidos sentimientos.

Por eso, crea a 5 sujetos con los atributos físicos de la raza predominante del planeta, capaces de integrarse con la población para llegar a entender los sentimientos en su totalidad para luego volver a unirse a la Madre Magia y contentar así su curiosidad. No en vano, su inquietud no estuvo satisfecha hasta que pasaron 1.000 años.




¿Os imagináis lo que puede llegar a sentir en 1.000 años una persona?

La felicidad del amor de haber tenido hijos, la agonía más oscura de verlos morir. El sabor y la tristeza de la guerra, la desesperación de no morir cuando todo lo demás que conocen van pereciendo... Los sentimientos los vuelven realmente humanos de conciencia, pero acaban convirtiéndose en un arma de doble filo que los hace vulnerables, peligrosos y adictos a ellos.

El ejemplo más claro es Gengara, el primero de los Inmortales en darse cuenta de la razón por la que se envió a este mundo. Estudió las emociones como si fuesen un virus capaz de infectar a los Inmortales y corromperlos para alejarlos de su misión inicial.

Aun así decidió infectarse y comprobó que lo que los sentimientos le ofrecían era una motivación superior a las órdenes de la Sala de los Espejos, pues son ellos los que crean la corriente mágica y esto se traduce en poder infinito.

Así que, alejándonos del argumento del propio juego, los Inmortales son pura energía mágica que no poseen alma y que por ello no pueden morir, pues la energía mágica es y siempre será infinita mientras sigan existiendo los sentimientos floreciendo en la faz de la Tierra.

Con esto puedo dar por explicado el origen y la misión de los Inmortales, pero ¿Pueden llegar a morir realmente? La respuesta es sí y la tenemos bien enfocada en la cinemática final del juego.

Si llegasteis a ese punto, Gengara es empujado por Sez al núcleo de la Sala de los Espejos y ambos desaparecen en un destello de energía mágica luminosa. Durante el resto del vídeo final, Sez aparece presente como una cortina de estrellas encarnando a la energía mágica dando a entender que se comunica indirectamente con algunos protagonistas del programa. Digamos que la energía mágica que da forma a la inmortalidad de los Inmortales retorna a la corriente principal de Magia que envuelve al universo, un concepto muy similar al de la Corriente Vital que tantos quebraderos dio en su día a los jugones de Final Fantasy VII.

Cuando la Sala de los Espejos es destruida, este Big Bang de corrientes energéticas desaparece para fundirse con la corriente principal del universo, aumentando considerablemente el equilibrio mágico y suavizando los contrastes climáticos, las mutaciones en la fauna e incluso las motivaciones de guerra y odio presentes en los humanos.








La energía mágica es la fe que conocen los cristianos de nuestra realidad y la corriente de Magia Pura no es otra cosa que la reencarnación de Dios en el argumento del juego teniendo a la Sala de los Espejos como el cielo que conocemos de nuestro folclore religioso.







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